El origen de Madame Bovary

Es septiembre de 1849. Tras 16 meses de trabajo y tres años de documentación, Gustave Flaubert ha terminado la primera versión de su obra La tentación de San Antonio. Ha reunido en su casa al escritor y fotógrafo Maxime du Camp y a su entrañable amigo, el poeta y dramaturgo Louis Bouilhet, y durante tres días seguidos, nervioso y entusiasmado, lee y actúa su obra para ellos, en espera de una opinión favorable que desafortunadamente no recibirá.

Así comienza una de la versiones sobre el origen de Madame Bovary. Se dice que, tras la decepción, Bouilhet y Du Camp aconsejaron al autor olvidarse de los temas difusos y vagos y buscar, en cambio, un asunto más superficial. Así, Bouilhet le cuenta la historia de un médico discípulo de su padre.
 A Flaubert le parece interesante y, basándose en ese hecho real, recrea la historia de una mujer pequeñoburguesa de provincia casada con un médico rural, cuyos sueños de amor romántico —alimentados por las novelas que leía— resultan insatisfechos y la llevan al adulterio.

flaubert

Du Camp narra en sus memorias —tituladas Souvenirs Littéraires— que, durante un viaje que realizaron a Egipto, Flaubert ya pensaba en su futura novela, y un día gritó de 
la nada: «¡Eureka! Se llamará Emma Bovary». Otra versión dice que la historia está basada supuestamente en la de un médico de provincias, u oficial de salud, Eugène Delamare —a cuya madre conocía la madre de Flaubert— y su esposa, Delphine Courtier, que vivían en Ry, cerca de Rouen. Ella tuvo una hija y una vida con muchos amantes. Murió a los 26 años. El rumor cuenta que tanto ella como su esposo fueron envenenados.

Otra de las posibles fuentes de inspiración pudo ser Fisiología del matrimonio. O Meditaciones de filosofía ecléctica relativas 
a la felicidad y desgracia de los casados, de Honoré de Balzac, así como la historia de Madame Lafarge, una mujer acusada de envenenar a su esposo, que salió reseñada en la prensa local. Una más pudo ser Memorias de Madame Ludovica, que era un recuento de las extravagancias amorosas y financieras de Louise Pradier, esposa del escultor James Pradier, a quien Flaubert conocía.

Por último, no se puede dejar de lado la relación tormentosa e intermitente de Flaubert con Louise Colet, una mujer que podría perfilar el carácter de Emma Bovary. También se dice que incluyó, como referencia médica, el trabajo del doctor Vincent Duval. Todas estas ideas germinarían en Flaubert y crecerían hasta convertirse en su obra maestra.

Emma, la mujer

Emma Bovary es un híbrido de
 al menos dos mujeres de las que Flaubert estuvo enamorado. En 1840, durante un viaje a Córcega, conoció a Eulalie Delanglade, una mujer de 35 años que regresaba de Sudamérica,
 e inició con ella una relación intermitente y extraña en la que coincidían cada vez que el escritor cruzaba por Marsella; seis años más tarde, entró en su vida la escritora Louise Colet, con quien entrelazó su vida en un laberinto que, durante diez años, estuvo alimentado de drama, lágrimas, rupturas, reconciliaciones y tempestades. Esta mujer fue de suma importancia para la creación de Madame Bovary; durante su relación sostuvo con ella una intensa correspondencia de la que existe un escrupuloso registro, y en la que Flaubert fue detallando su teoría literaria.

Desde el siglo xii, y hasta el xviii, el concepto de la feminidad iba de la mano con la castidad, la pasividad, la obediencia y la maternidad. El amor era imposible, la sensualidad inmoral y la pasión, oscura e irracional. Pero, a mediados de ese siglo, se daría un cambio en la mentalidad de las mujeres y muchas aristócratas empezaron a «entregarse por placer». Emma Bovary es un ejemplo de esta mujer que toma conciencia de su ser e impone el amor, la pasión y el sentimiento por encima de la razón.

Esta burguesa, aficionada a las novelas románticas, se casa con un médico mediocre que no llena sus expectativas, y no puede concebir que el aburrimiento en que vive sea la felicidad que había imaginado. Se trata de un personaje que sufre y se ahoga en lo que para otros pareciera un matrimonio feliz; para algunos es una precursora del feminismo, pero sin duda es una mujer rebelde, decidida, inquieta y, paradójicamente, femenina, delicada y sensible. Su fantasía de amor y pasión es aplastada por una realidad metódica y monótona que literalmente la enferma y por un mundo mucho más «real» de lo que imaginó.

Podría decirse que Madame Bovary es una suerte de Quijote femenino que, al enfrentar su realidad, pierde la razón
 y decide abandonarse en busca de sus sueños; al estar condenada a ser la esposa de un médico mediocre, se opone a los convencionalismos de la sociedad de su tiempo, pasea con un cigarrillo en la boca y con un chaleco ajustado como el que llevan 
los hombres.

Sin embargo, pese a 
lograr cierto nivel de libertad, vive eternamente insatisfecha y trata de llenar su vacío con amantes y riquezas que la arrastran, incluso, al suicidio. Vargas Llosa escribe: «Madame Bovary es la feminista trágica porque su lucha es individual, más intuitiva que lógica, contradictoria porque busca lo que rechaza, y está condenada al fracaso». Es por todo esto que, un siglo después, la tragedia de Emma no pierde vigencia.

Fuente: Revista ALGARABÍA.

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