Conservación de libros

Estoy seguro que todos los que visitan este espacio son grandes amantes de ese maravillo objeto llamado libro. Los tocan, los leen, los huelen, los devoran. Pero, ¿sabes cómo cuidar de ellos?. Aquí algunos datos interesantes que podrían salvarnos de un susto y una que otra lágrima.

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Y recuerden que solo somos dueños transitorios de nuestros libros, pues ellos perdurarán incluso después de nuestra muerte.

Si quieres que tu legado -biblioteca personal- continúe preservada por futuras generaciones, toma en cuenta lo siguiente:

HIGIENE.

El polvo que tiende a acumularse sobre los libros contiene agentes que aceleran su destrucción como esporas de hongos, microorganismos, partículas metálicas, grasas, etc. Si este polvo llega a penetrar entre las hojas, producirá su abrasión en forma de manchas y, a largo plazo, su destrucción.

Esto hace necesaria una limpieza periódica del lugar, así como de las estanterías y de los propios libros. Debemos para ello seguir una secuencia lógica: techos, paredes, aberturas y pisos. En primer término lo que está arriba, ya que siempre caerá algo de polvo. Después se limpian las estanterías (empezando, también, por la parte superior). Para limpiar cada estante se deben retirar los libros y examinar cuidadosamente los estantes, identificando problemas como óxido, clavos salientes, restos de insectos, rastros de humedad, etc. Después se debe pasar una aspiradora con un sistema de filtro que retenga hasta el polvo más fino para impedir que éste vuelva al ambiente. Después se limpia cada libro, uno a uno, bien con la aspiradora (interponiendo algún tipo de malla plástica), bien con un trapo seco de algodón, pero nunca con un trapo húmedo ni con productos de limpieza. Por fin se devuelven los libros, en perfecto orden, a su lugar.

TEMPERATURA Y HUMEDAD.

La temperatura debe ser estable y de aproximadamente 20º C. La humedad relativa debe situarse entre un 30 % (mínimo) y un 50 % (máximo). 20ºC de temperatura ralentiza las reacciones químicas dañinas y, es, a la vez, cómoda para trabajar. Respecto a la humedad, este intervalo permitirá que los libros no adquieran una rigidez perjudicial, sin llegar a acelerar las reacciones químicas degradantes. Si estos parámetros no se pueden cumplir exactamente, se debe intentar, al menos, que los libros no experimenten variaciones bruscas de humedad y temperatura, ya que continuas dilataciones, contracciones y condensaciones de humedad, lo dañarían irremediablemente.

Aunque estos parámetros se pueden mantener estables por métodos artificiales (aire acondicionado, humidificadores, deshumi-dificadores, etc.) sería aconsejable recurrir, por medio de ventanas abiertas, a una moderada corriente de aire y a una moderada entrada de luz solar.

INSECTOS.

Aunque existen numerosas especies de insectos que se alimentan de libros (más de 60 según el Instituto de Patología del Libro, de Roma), como la polilla del tejido, la carcoma, el pececito de plata, la termita de madera seca, etc. debemos, en lo posible, evitar la presencia de tóxicos y venenos en la biblioteca ya que encierran graves peligros, tanto para el libro como para el lector. Con un control razonable de higiene, humedad y temperatura, podemos evitar que estos huéspedes indeseables proliferen.

Si es inevitable, debemos recurrir a los venenos (siempre asesorados por un experto), depositándolos en zócalos y aberturas y nunca directamente sobre los libros. Tampoco, en ningún caso, se debe fumigar.

En caso de pequeños roedores, se deben clausurar todas las entradas y orificios por medio de mallas plásticas y cazarlos por medio de trampas mecánicas.

USO.

En lo posible debemos evitar, con conductas bárbaras, aliarnos con la temperatura, la humedad, los insectos y los roedores para acelerar la destrucción del libro.

De entrada no es aconsejable beber, comer y fumar en la biblioteca. Un ligero descuido puede provocar en los libros un daño irreparable.

Tampoco debemos leer el libro como si fuera nuestro enemigo, abriéndolo hasta llegar a los 180 grados. Debemos respetar el ángulo de apertura que la encuadernación permita y no sobrepasarlo, bajo el riesgo de romperlo.

Deben colocarse en las estanterías sin llegar a comprimirlos. En este caso, cada vez que saquemos uno, éste y los contiguos, sufrirán deterioro. Tampoco debemos sacarlos arrastrándolos desde la parte superior del lomo ya que esta parte acabará por romperse. Es mejor empujar hacia atrás los libros contiguos y tomar el elegido por el centro de las tapas, sin tocar el lomo.

En ningún caso debemos fotocopiarlos, ya que al mantenerlos abiertos sobre la fotocopiadora, dañaremos su estructura. Si es inevitable, es mejor sacar más de una copia y mantenerla como original para futuras reproducciones. Así evitaremos someter al libro a continuos esfuerzos.

…..

Ahí lo tienen, espero tomen en cuenta estos consejos para tener libros más saludables. Si alguien tiene más consejos favor de comentarlo.

Fuente: www.bibliofilia.com

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