Inicio de una obra

El hombre que acaba de entrar  en la tienda para alquilar una película  tiene en su documento de identidad un nombre  nada corriente, de cierto sabor clásico que el tiempo ha transformado en vetusto, nada menos que Tertuliano Máximo Afonso. El Máximo y el Afonso, de uso más común, todavía consigue admitirlos, siempre dependiendo de la disposición de espíritu en que se encuentre, pero el Tertuliano le pesa como una losa desde el primer día en que comprendió que el maldito nombre podía ser pronunciado con una ironía casi ofensiva.

El hombre duplicado.
José Saramago.

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