Especial Vampiros: #2 La morfología del vampiro

En este segundo día especialmente dedicado a los vampiros, conoceremos un poco más sobre sus características físicas y su evolución a través de los siglos.


En la antigüedad, aparece confundido entre una vasta legión de demonios. Sus atributos son humanos y animales. Es capaz de transformarse en otros seres aparentes, siempre combinando la cualidad del aire (alas y garras), del a tierra (cola de serpiente y ardor sexual), del fuego (ojos llameantes), del agua (cola de pez), y de la noche (existencia fantasmal y similitud con los murciélagos). El vampiro siempre será fiel a esta anatomía simbólica que define su esencia.

Con el paso del tiempo, el vampiro irá perdiendo las cualidades animales que poseía en el mundo clásico, judío y mesopotámico, y desprendiéndose, poco a poco, del sentido puramente mágico que tenía en los conjuros babilónicos y de los rasgos zoológicos que guarda en el mundo mitológico grecolatino. Con el advenimiento de la Iglesia, los antiguos demonios se cristianizan, se ocultan y se olvidan; su rastro, entonces, se refugiará en la superstición popular, y a través de las historias orales, que están documentadas, iremos sabiendo de sus “apariciones” en pueblos más o menos remotos de Europa.

Sin duda, los rasgos morfológicos del vampiro literario comienzan a dibujarse en su imagen pre-literaria; aquella que emerge directamente de las supersticiones populares, principalmente eslavas. El vampirólogo Montague Summers describe al vampiro como “extremadamente flaco y encorvado, de rostro horrible y ojos en los que relucen el rojo fuego de la perdición. Cuando ha saciado su apetito de cálida sangre humana, su cuerpo parece tremendamente hinchado y saciado, como si fuera una gorda y enorme sanguijuela a punto de reventar. Frío como el hielo, pero febril y ardiente como una brasa encendida, su piel guarda la palidez de la muerte y tiene los labios rojos, gruesos e inflamados; los dientes, blancos y brillantes; y los colmillos (…) aparecen sensiblemente afilados y puntiagudos”.

No es frecuente toparnos con una imagen tan cruda y repugnante. Olvidamos con facilidad que la genealogía del vampiro está en las antípodas de la imagen literaria de la estirpe de Drácula; su verdadero origen no proviene de ningún linaje noble y maldito, sino de las descarnadas tradiciones rurales del pueblo. Según Ornella Volta, los vampiros difieren según las regiones, aunque todos ellos tienen ciertas características siempre comunes:

– Rostro delgado, de una palidez fosforescente.
– Espeso y abundante pelo en el cuerpo, cuyo color suele ser rojizo, como el vello en la palma de sus manos.
– Labios gruesos y sensuales que encubren sus agudos colmillos, cuya mordedura tiene poderes anestésicos.
– Uñas extremadamente largas.
– Orejas puntiagudas semejantes a los murciélagos.
– Olor nauseabundo.

¿Son éstos los abuelos de Drácula? Bram Stoker se basó para la creación de su personaje en las dos grandes tradiciones: la literaria y la del folclore. Por un lado, atribuye a su vampiro todos los rasgos aristocráticos provenientes del modelo byroniano de John William Polidori y James Malcolm Rymer, pero, por otro, había estudiado a fondo las tradiciones rumano-húngaras; de ahí que, bajo el aura gotizante de castillos decrépitos y estirpes malditas, se insinúen ciertos rasgos y características de sus ancestros. Así el rostro de Drácula es “aguileño (…) la frente alta y abombada, y el cabello escaso en las sienes, aunque abundante en el resto de la cabeza. Las cejas, muy pobladas, casi se le juntaban en el ceño y tenían el pelo tupido que parecía curvarse por su misma profusión. La boca (…) era firme y algo cruel, con unos dientes singularmente afilados y blancos; le salían por encima del labio, cuyo notable color rojo denotaba una vitalidad asombrosa para un hombre de sus edad”. Por lo demás, sus orejas eran pálidas y extremadamente puntiagudas en la parte superior.

A pesar de su porte solemne, el aspecto de Drácula no es precisamente atractivo. Según Stoker, el roce de sus manos, anchas, ordinarias y de largas ulas, produce estremecimiento, su aliento es fétido, por lo que puede invadirnos “una espantosa sensación de náusea”, que nos recuerda claramente la imagen primigenia del folclore.
Fiel al modelo clásico, aunque sin ninguno de sus atributos zoomórficos, la vampiresa conserva, en cambio, sus atractivos humanos, sin perder ninguno de sus encantos. Es delgada y de formas armoniosas, pálida, melancólica, inquietante y sutilmente voluptuosa. Sus ojos suelen ser de un negro profundo, con una extraña intensidad, que realza su larga y oscura cabellera suelta sobre los hombros. Su boca es “fina y fría como  la muerte”, y sus blancos dientes son largos y afilados “como dos lanzas” o “dos alfileres”.
Uno de sus retratos más frescos y delirantes nos los proporciona Gautier con Clarimonda, una vampiresa que revive de la muerte gracias al cándido beso de un jovencito sacerdote recién ordenado. Desde el primer momento, las fantasías se desatan: “la cortesana Clarimonda ha muerto recientemente tras una orgía que duró ocho días y ocho noches”. Pálida, semidesnuda, con el pelo desordenado, conserva potenciado todo su salvaje encanto de la seducción. Otra cosa es ante el hallazgo de cualquier herida, pues mientras su amante finge estar durmiendo en su regazo, ella se abalanza ansiosa sobre esta y empieza “a chupar con una voluptuosidad indescriptible… a pequeños sorbitos, lentamente”, mientras entorna los ojos, y proclama en un arrebato de cursilería la meta de su deseo: “Una gota roja, un rubí en la punta de mi aguja”.

A pesar de su indudable poder de seducción, las vampiresas representan la fatalidad más tenebroso, al encarnar la amenaza eminente de una muerte violenta; pero aún así todas las víctimas parecen caer rendidas ante el irresistible magnetismo de su hechizo secual, haciéndonos olvidar por momentos que son muertos vivientes.

 

Fuente: Siruela, J. (2010).
Vampiros. España. Atalanta.
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2 comentarios en “Especial Vampiros: #2 La morfología del vampiro

  1. Me encanta todo lo relacionado con los vampiros desde que era pequeña, acabo de descubrir tu blog por casualidad. ¿Conoces el caso del vampiro de Cartagena? Hace dos años, un amigo de Murcia me habló de él pero no he buscado apenas. Un saludo

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    • Hola, y bienvenida seas. Respecto al caso que mencionas nunca lo había escuchado, pero habrá que investigarlo, es un tema apasionante. Saludos, espero verte por aquí seguido y más aún en esta semana especial dedicada a los Vampiros.

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