Para Alicia Liddell

En un caluroso viernes 4 de julio de 1862 a bordo de una barca sobre el río Támesis, las hermanas Liddell – Edith, Lorina y Alice -, paseaban con el matemático y reverendo Charles L. Dodgson en un recorrido de ocho kilómetros desde Oxford hasta Godstow, y de vuelta a Oxford. Ya aburridas, las hermanas Liddell pidieron al reverendo les contará una historia para pasar el momento, aceptando este por el cariño que les tenía, especialmente hacia Alice. Las disparatadas historias que inventó sobre la marcha las tituló Las aventuras subterráneas de Alicia. Posteriormente, tras la insistencia de las niñas, principalmente Alice, Dodgson recreó los relatos y los concluyó en febrero del siguiente año, los cuales incluían ilustraciones propias. El resto es historia.

En agradecimiento, Lewis Carroll, pseudónimo del autor, dedicó un poema que hace referencia a ese paseo en bote que a la postre resultaría histórico para la literatura universal. Aquí les comparto el mismo:

En la dorada tarde nuestra barca
se desliza sin prisa:
impulsan ambos remos unos brazos
inhábiles de niñas,
mientras en vano sus manitas pugnan
por trazar nuestra vía.

¡Ah, Trinidad cruel! ¡En esa hora,
bajo un cielo de ensueño,
cuando el aire no agita ni una hoja,
me piden que urda un cuento!
¿Más cómo va a oponerse una voz sola
a tres lenguas a un tiempo?

Prima, imperiosa, lanza el veredicto:
«Inícialo ahora mismo».
Secunda, más benigna, solo pide
«que sea un sinsentido»,
mientras Tertia interrumpe por minuto
una vez como mínimo.

Pronto las tres en silencio imaginan
las idas y venidas
de la niña soñada en un país
de extrañas maravillas,
locuaz con bestias, pájaros… Que es cierto
casi lo jurarían

Y cuando el narrador ya siente exhausta
su fuente de inventiva
y se propone a postergar la historia
diciendo con fatiga:
«Lo restante, mañana». «¡Ya es mañana!»,
reclaman las tres niñas.

Así surgió el País de Maravillas,
así, pues, paso a paso,
se forjaron sus raras aventuras.
El cuento se ha acabado.
Y en penumbra, feliz tripulación,
hacia casa remamos.

Recibe, Alicia, el cuento y deposítalo
donde el sueño de Infancia
abraza a la Memoria en lazo místico,
como ajada guirnalda
que ofrece a su regreso el peregrino
de una tierra lejana.

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